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El Triángulo de Exposición

El Triángulo de Exposición

Estamos en pleno septiembre y toca volver a la escuela o a la rutina laboral. La mejor manera para ponernos las pilas es coger nuestra cámara de fotografía favorita, aprovechando la Tarifa Weekend o el Descuento de Estudiantes en Aclam, y empezar a disparar. Pero siempre va bien refrescar la memoria después de las vacaciones de verano y repasar los conceptos más básicos para tenerlos bien frescos. Y uno de los más básicos y necesarios es el triángulo de exposición.

El triángulo de exposición es una de las herramientas más fundamentales de la fotografía. Es una relación directa entre los tres actores principales en la exposición: el diafragma, la obturación y la sensibilidad. Estos controlan la entrada de luz que llegará a la imagen final pero dependen de diferentes factores para conseguirlo. Esto comporta que, según la situación en la que nos encontremos, tendremos que dar preferencia en uno u otro.

En primer lugar, el diafragma es la apertura de luz que deja entrar la óptica. Se mide en f (f/1.4, f/2, f/2.8, f/4, f/5.6, f/8, f/11, etc.). Cuánto más grande es el número f, más cerrado está el diafragma y menos luz pasa por la óptica. Una de las propiedades principales más interesantes de trabajar con diafragma más abierto o cerrado es el espacio que queda enfocado de la imagen – lo que se denomina profundidad de campo. Por ejemplo, trabajando en diafragma muy abierto como f/1.4 la imagen que obtendremos tendrá una profundidad de campo muy pequeña, por lo tanto tendremos enfocados muy pocos elementos de la imagen. Es muy habitual alquilar objetivos de fotografía muy luminosos, como los Zeiss Milvus o los 50mm, para conseguir el efecto bokeh o un fondo desenfocado muy marcado. En cambio, con un diafragma muy cerrado como f/22 podremos conseguir tener una profundidad de campo muy amplia, y llegar a enfocar objetos a mucha distancia entre ellos.

Exemple de bokeh amb poca profunditat de campEjemplo de bokeh con profundidad de campo baja utilizando el diafragma muy abierto.

Seguidamente, la segunda herramienta de exposición es la velocidad de obturación, que es la cantidad de tiempo que la cámara deja pasar luz al sensor. Esto comporta que, cuanto más tiempo está abierto el obturador (más lento sea), más luz tendrá la imagen y, a la inversa, cuanto más rápido vaya el obturador, menos luz llegará a la imagen final. Como unidad de tiempo se mide en segundos o fracciones de segundo (2”, 1”, 1/2”, 1/4”, 1/8”, 1/15”, 1/30”, 1/60”, 1/125”, etc.), siendo 2” una velocidad lenta y 1/1000” una velocidad muy rápida. La principal característica que aporta la velocidad de obturación es el tiempo que el objeto necesita estar estático porque se plasme correctamente en la imagen. A velocidades muy altas, la cámara puede congelar en la imagen objetos que se mueven muy rápido como gente corriendo o coches. Es muy habitual disparar a velocidades muy elevadas para eventos deportivos o fotografía documental de la naturaleza. En cambio, a velocidades bajas, por ejemplo inferiores a 1/125”, objetos que se mueven pueden empezar a quedar borrosos o, si son muy rápidos, pueden verse sólo como cortinas de movimiento. Incluso, el propio movimiento de cámara puede dejar borrosa toda la imagen como pasa con el efecto barrido; o con cámara estática, si hay objetos de luz que se mueven pueden crear el efecto light-painting.


Ejemplo de objeto congelado con efecto barrido, que se consigue con una velocidad de obturación relativamente alta y a la vez paneando la cámara.

Ejemplo de light-painting conseguido con una velocidad de obturación baja.

Finalmente, la última herramienta del triángulo de exposición es la sensibilidad o ISO. Esta marca la cantidad de luz que el sensor es capaz de captar y se expresa en unidades ISO (50, 100, 200, 400, 800, 1600, etc.). Cuando la ISO es muy baja, la cantidad de luz que capta es poca y, cuanto más alta, más luz capta. La sensibilidad es un factor muy delicado a tocar puesto que, a pesar de que puede ser de mucha ayuda tener la ISO muy alta en condiciones de muy poca luz, crea uno de los efectos menos deseados: el ruido. Por eso es muy habitual trabajar en sensibilidades bajas cómo ISO 100 o 200 y sólo recurrir a ISO más alta en casos extremos. Aún así, el adelanto tecnológico permite fabricar cada vez sensores más sensibles, y es muy habitual encontrar en alquiler cámaras de fotografía con muy buenos resultados a ISO muy altas como las Sony a7s II y a7r II.

Ejemplo de fotografía donde se aprecia bastante ruido al trabajar con ISO alta.

Teniendo en cuenta estos valores, y trabajando las condiciones que preferimos en cada caso, podemos conseguir siempre una exposición perfecta. Por ejemplo, en situaciones en que la velocidad es clave, daremos preferencia a la obturación y jugaremos con la apertura y/o la sensibilidad; en situaciones en las que preferimos un diafragma concreto, jugaremos con la obturación y/o la sensibilidad; y en situaciones en que el ruido sea nuestra debilidad, tendremos que jugar con la obturación y/o el diafragma. Una vez dominas estos tres actores de la exposición, podrás conseguir las mejores fotografías.